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Música electrónica

La música electrónica es aquella que utiliza solamente sonidos producidos electrónicamente. El propio sonido del que se parte es producido por sintetizadores o aparatos electrónicos y se llama tono sinusoidal. Éste es el sonido puro, sin armónicos.

El primer concierto tendría lugar en Darmstadt en 1951 y en él intervinieron el doctor Herbert Eimer y Meyer-Eppler.

Stockhausen pronto vio las limitaciones del método, especialmente por lo tedioso del trabajo con los medios de la época. Para su Estudio II utilizó únicamente combinaciones de sonidos sinusoidales puros con una ordenación de frecuencias distinta de nuestra escala temperada. Hay sin duda cierta riqueza sonora y demuestra lo prometedor que es el medio, pero su idea de sintetizar cualquier sonido no se cumple en absoluto y todos sus timbres suenan "electrónicos" y menos variados y ricos que por ejemplo los de una orquesta. De hecho, hasta que no se utilizó el ordenador para analizar el sonido no se pudo comprobar que este modelo de Helmholtz era una caricatura de la complejidad que existe en el sonido de los instrumentos acústicos.

Quizás este pequeño fracaso del sonido puro electrónico le llevó a combinar éste con la música concreta en su siguiente obra El Canto del adolescente (1956). Como parte de su material sonoro utilizó en ella la voz grabada (recitado de un texto por un niño), aprovechando su rico potencial para la manipulación electrónica, también integró la organización espacial del sonido añadiendo más a menos reverberación y panorama entre las cinco pistas de que se compone. Consiguió también continuidad entre palabra y sonido electrónico, pasando desde el texto recitado, con su significado semántico, a la desaparición de este significado mediante la manipulación electrónica y a su vez los sonidos puramente electrónicos recuerdan al lenguaje hablado a mucha velocidad. El mayor mérito de esta obra maestra es que el autor encontró la lógica interna del material electroacústico y su ordenación en el tiempo, campo en el que desde entonces se ha avanzado poco.

Posteriormente Stockhausen escribió, describiendo ese periodo en su trabajo de composición: “La primera revolución musical que ocurrió desde 1952/53, denominada música concreta, música electrónica con cinta magnetofónica, y música espacial, requería componer con transformadores, generadores, moduladores, magnetófonos, etc., integrar todas las posibilidades sonoras concretas y abstractas (sintéticas) incluyendo todos los ruidos, y lograr la proyección controlada del sonido en el espacio”.

Su posición como compositor alemán líder de su generación fue conquistada con El canto de los adolescentes y tres piezas compuestas concurrentemente con diferentes medios: Zeitmasze (para cuatro instrumentos de viento de madera), Gruppen (para tres orquestas) y Klavierstücke XI.

Tras un período de descanso, Stockhausen realizó Kontakte (1959), para cinta cuadrafónica. En ella trabajó la unidad de la música electrónica. Mediante el uso único de pulsos, podía generar tanto ritmos (si éstos pulsos se repetían a menos de 20 Herzios) como timbres (si sobrepasaban de esta frecuencia; todos hemos oído esto utilizando el LFO de un sintetizador). La cuadrafonía le permitió también el uso del giro del sonido en el espacio. Al igual que en la anterior, la importancia fundamental de esta obra es la adecuación del lenguaje al medio; es una música totalmente nueva porque los medios son nuevos. Realizó una versión de esta pieza para instrumentos y cinta donde los intérpretes humanos tienen cierta libertad para la improvisación. En 1966 introdujo Stockhausen el concepto de intermodulación que consiste en que dos o más fuentes sonoras interaccionan entre sí, por ejemplo la envolvente de un sonido se aplica al timbre de otro obteniendo un sonido híbrido entre los dos. En su obra Telemusik intermodula melodías folklóricas de diversos países entre sí y con sonidos electrónicos. Los resultados retienen ciertas características de las músicas folklóricas originales pero se establece una continuidad interesante entre lo conocido (música popular) y lo desconocido (electrónico).

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